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Albert Costa: sacrificio, constancia y lealtad

El piloto de Lamborghini nos relata cómo fueron sus cuatro años en el dique seco

28/04/2020 | Bernabé Ramírez | Fotos: Foto Speedy/Eurosport Events/ Dirk Bogaerts Photography | Leído: 1299

Una de las esculturas que más me impresionó en vivo fue La Piedad, que representa a la Virgen María sosteniendo en sus brazos a Jesús de Nazaret recién bajado de la cruz. El autor fue Miguel Ángel que, empujado por su pasión y amor por el arte, logró culminar una de las esculturas más impactantes y estremecedoras de la historia a base de sacrificio diario.  

Nuestro protagonista no fue tan precoz como el polímata renacentista, pero sí representa esos dos años de esfuerzo, pasión, trabajo duro, constancia y lealtad de Miguel Ángel. Se trata de Albert Costa (Barcelona, 1990) que estuvo cuatro años sin un programa deportivo pero trabajando duro físicamente, llamando a todas las puertas que había, demostrando su talento en cada oportunidad que le daban y sacrificándose como pocos por un sueño que ya es realidad.

Esta andadura de cuatros años se inicio debido a una estafa que sufrieron la familia Costa Balboa. Le prometieron el oro y el moro en forma de un asiento en GP2 y un posible asiento como probador en Force India y Williams. Finalmente la familia fue víctima de un engaño y el joven catalán puso rumbo a la Renault Megane Trophy tras quedarse sin asiento en Carlin en GP2.

“Después de ganar la última carrera de las World Series 3.5 en Barcelona en 2011, vino un señor al taller de mi padre para pintar su casco de moto diciendo “qué pena que este chaval no pueda correr (mi padre tiene una pared con recortes de diario y noticias mías)”. Mi padre le dijo que tenía que dejar de correr y el hombre le dijo que si le daba su permiso le conseguiría patrocinador y todo. Mi padre aceptó y al cabo de unas semanas consiguió patrocinadores de aquí de allí y de empresas muy gordas. Al cabo de dos meses y medio o tres teníamos un billete de avión para ir a hablar con Force India, Williams y Carlin ya que el plan era hacer GP2 con Carlin y ser piloto probador o de simulador de Force India o Williams. Teníamos tres días para estar en Inglaterra”, nos desvelaba Costa.

“Cuando llegamos al aeropuerto de Barcelona, faltando una hora media de que despegara el avión, llamamos al hombre; nos decía que estaba en el hospital por un cólico en el hospital y que venía. A media hora para embarcar lo volvimos a llamar para saber dónde estaba y el teléfono contestó “el móvil al que llama no pertenece a ninguna línea”. Nos volvimos a casa, fuimos a denunciar y tuvimos que demostrar que no teníamos el dinero y que habíamos sido víctimas de una estafa. Casi fuimos a juicio ya que los patrocinadores querían saber qué pasaba con su dinero y de dónde salía. Al final demostramos que era una estafa de verdad”.

albert_costa_renault_trophy

“Me quedé sin correr. Me fui a la Megane Trophy porque si ganaba me iba a Japón a probar con el equipo oficial de Nissan del Super GT, pero cuando estaba líder a mitad de temporada se canceló el premio. Así que gané el campeonato y me quedé sin nada”, nos ha relatado el catalán.

Costa se llevó copa monomarca de calle con siete triunfos en catorce carreras. No obstante esa exhibición no le valió para alcanzar un asiento en otro campeonato, y comenzó su estancada durante cuatro, ¿Qué hizo? El barcelonés no se quedó quieto: trabajó en el taller de su padre varias semanas, fue coach de varios pilotos de monoplazas, ayudó a desarrollar varios coches de Renault o probaba para distintas marcas.

 “Las primeras semanas estuve en el taller de mi padre lijando y preparando las motos y cascos. Mi padre me pagaba 50 euros a la semana por trabajar de ocho a ocho con dos horas para comer, hasta que me llamaron y me preguntaron si quería trabajar de coach; ahí fue donde empezaron los contactos. Me llamó Renault y ayudé a desarrollar el nuevo Gran Turismo RS, el nuevo World Series 3.5 o me llamaban otros equipos. Conducía una vez cada seis u ocho meses y era divertido”.

“Lo bueno es que a los dos años me dejé un poco. No iba tanto al gimnasio ya que veía que no pasaba nada porque durante un año y medio me decía “si soy bueno ya me llamaran”. Estaba encerrado pensando que la F1 era lo único a lo que tenía que llegar”, ha expresado.

El piloto reconoce que durante esos cuatro años se sintió frustrado ya que venía como pilotos como Jean-Éric Vergne, Daniel Ricciardo, Valtteri Bottas o Kevin Magnussen llegaban a la F1, mientras él estaba sin programa. Por ello Costa comenzó con un estricto entrenamiento por si lo llamaban desde la F1 y a echar currículum en cualquier equipo.

“Empecé a reaccionar cuando un amigo me dijo que estaba más gordo. Entonces empecé a entrenar para estar preparado por si me llamaban de la Fórmula 1. Cada día a las cinco de la mañana me levantaba y hacía el “entrenamiento de la mili”. De esta forma yo estaba creando la situación. Me empezaron a llamar más y eso me motivó. Cuando me llamaban estaban como un roble. Hice tres simulaciones de carrera en Valencia con un World Series en agosto y aguantaba como un jabato y lo hice superrapido. Fue muy bueno hacerlo porque Renault lo comentaba a otros equipos”.

“Cuando pierdes lo que más quieres, aparte de la familia, que para mí son las carreras. Desde que he vuelto me he centrado en un objetivo. Empecé con un equipo que iba con un coche que iba francamente mal y mi objetivo era demostrar, demostrar y demostrar que era un asesino”.

“Estuve 4 años y medio sin correr nada, haciendo de coach. Estaba frustrado, veía la Fórmula 1 por la televisión y veía a Daniel Ricciardo y Kevin Magnussen y me decía “joder, a éstos les he ganado o he luchado con ellos”. Al cabo de cuatro años abrí los ojos gracias a mis amigos y a una ex novia, que me dijo: “si eres tan bueno como hemos visto, ¿por qué no corres? Le conté esta historia. Hay pilotos como Robin Frijns que lo ha ganado todo y tuvo un año en el que no corrió porque por mucho que hubiera ganado el talento no es suficiente. Lo que mandaba era la pasta, las políticas o si eres de si eres hijo de”.

“Creamos una presentación mía y me dijo de ir a la F3 británica, World Series, F3 europea, GP2, a los GT, etc. ¿Por qué en vez de cobrar por hacer de coach no cobraba por hacer de piloto en contra categoría? Al final me animé y me fui a llamar a todas las puertas y boxes de todos los campeonatos a los que iba. Las respuestas me motivaron y me decían “pensaba que tenías dinero”, o “pensaba que estabas en F1”. Pensaban que venía de una familia rica pero yo vengo de una familia humilde. Comenzaron a ofrecerme proyectos que tenían buena pinta pero siempre costaban dinero. Un campeonato que costaba trescientos o cuatrocientos mil euros me lo dejaban en sesenta mil pero el problema es que no los tenía”.

albert_costa_jaguar

Esta insistencia y constancia llamó la atención de Emil Frey, que le ofreció un test con el vetusto Jaguar G3 GT3 (construido y desarrollado por el suizo, por lo que no era un GT3 como los Audi R8 LMS, los BMW M6 o los Lamborghini Huracan construidos por las marcas) en el Circuit de Catalunya-Barcelona. Costa no falló y demostró a Frey que el talento seguía intacto, ¿El resultado? Un asiento en Emil Frey Racing en la Endurance Cup de la Blancpain GT Series y una lealtad de cuatro años del catalán a la estructura suiza. La mejor lectura que podemos hacer de esta relación es agradecimiento del piloto, que no se dejó escuchar por los cantos de sirena de otros equipos y se mantuvo fiel a Emil Frey Racing.

“Entonces el señor Emil Frey me llamó y me dijo que iba a hacer una prueba a pilotos y que iba a ser el último en probar porque en la presentación ponía “dadme 10 vueltas para demostrar que puedo ir tan rápido o igual que vuestros pilotos”. Me dieron 30 vueltas e hice primero; me escogieron y me hicieron un contrato”. 

 “En la primera carrera en Monza íbamos décimos, pero pinché en la última vuelta a falta de tres curvas. En la segunda carrera clasifiqué quinto, en la siguiente hice un buen papel y empezaron a llamarme equipos. Emil Frey me estaba cuidando y no querían perderme así que cuando me llamaron equipos oficiales les enseñe los contratos y les dije: “Me habéis sacado de la miseria y me habéis dado una oportunidad cuando llevaba cuatro años parado en casa y yo os la voy a dar ahora porque me habéis rescatado de la mierda y no tengo por qué esconderme. Por mucho que tenga esto, voy a quedarme con vosotros y quiero estar con Lexus y Jaguar”. Al final me dieron más carreras y empecé a ganar en el GT Open con el Lexus y con el Jaguar hice muy buenos resultados. Me volvían a llamar, pero seguía cerrando puertas porque Emil Frey me daba lo que quería al final”, ha confesado el ahora piloto de Lamborghini.



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